La temporada 2000-2001 fue un año que quedará grabado en la memoria de todos los aficionados de la S.D. Eibar. En una época en la que el club competía en la Segunda División B, el equipo dirigido por el entrenador José Luis Mendilibar luchaba por un sueño que parecía inalcanzable: el ascenso a la Segunda División. Con un plantel lleno de jóvenes talentos y una afición apasionada, los Armeros mostraron una determinación que resonaría en cada rincón de Ipurúa.

Eibar cerró la primera vuelta de la liga con un rendimiento sobresaliente, colocándose en los primeros puestos de la tabla. La combinación de un juego colectivo sólido, una defensa férrea y la capacidad de sus delanteros para convertir oportunidades en goles fueron claves en su éxito. Los aficionados comenzaron a soñar, y las gradas de Ipurúa se llenaban cada semana con el eco de cánticos que alentaban a los jugadores.

El momento culminante de la temporada llegó en la última jornada, donde el equipo necesitaba una victoria para asegurar su ascenso. El Estadio Municipal de Ipurúa se convirtió en un hervidero de emociones, y la atmósfera era electrizante. Con el pitido final, el grito de victoria resonó por toda la ciudad; Eibar había logrado el ascenso, un logro que parecía imposible al inicio de la temporada.

La celebración no solo fue un reflejo del éxito en el campo, sino también un homenaje a la historia del club y a su comunidad. En aquel entonces, Eibar no solo era un equipo de fútbol; era un símbolo de lucha, esfuerzo y unidad. La temporada 2000-2001 no solo consolidó a Eibar como una fuerza en el fútbol español, sino que también dejó un legado de inspiración para futuras generaciones de futbolistas y aficionados.

Hoy, al recordar aquellos tiempos, los aficionados de Eibar no solo celebran los goles y las victorias, sino también la historia forjada por la pasión y el compromiso. Esa temporada épica sigue viva en el corazón de cada armero, recordándonos que, sin importar las circunstancias, siempre hay espacio para soñar y luchar por la gloria.